viernes, 19 de agosto de 2011

Foto de Familia

 *Por Zhe 

                Leo por ahí que hoy es EL DÍA MUNDIAL DE LA FOTOGRAFÍA, y trato de pensar ¿qué es la fotografía para mí? De a poco llegan los recuerdos…
                Mi abuelo andaba con la cámara al cuello cada vez bajábamos a la costa (en Chile, con el agüita bien fría y muchas gaviotas dando vueltas). Era una de esas cámaras Zenit, rusas (el abuelo siempre lo menciona). Creo que tenía partes plateadas, era hermosa, todavía lo es pero la vista del abuelo ya no le permite usarla así que, supongo, descansará tranquila en algún rincón de su casa en Santiago. Pero, vale decirlo, el germen fotográfico, se arraigó con fuerza en sus nietos y nietas.
                Había otra en casa, con estuche de cuero marrón, una Yashica  modelo "j35 (según puedo constatar ahora) y cuyos ¿cartuchos? de flash ya gastados iban a parar al árbol de Navidad. Me fascinaba, podía pasar horas revisándola, haciendo girar sus “ruedas”  y palancas, mirando a través del visor, jugando a fotografiar. Rara vez tenía rollo y, cuando tenía, tardábamos mucho en mandarlos a revelar porque el costo era elevado. Aun así el juego fotográfico era constante para mi hermana y para mí, ya fuera con fotos “reales” o fotos que sólo quedarían en nuestros ojos.
                Y entonces llegó mi propia Zenit (un poco, a penas, más moderna que la de mi niñez, regalo de mamá) que empezó a viajar conmigo a Chile (y a todos lados), donde mis primos tenían las suyas, también Zenit (casi una obsesión familiar). Y a partir de ahí el mundo compartido de la imagen; cuatro locos, ellos, mi hermana y yo, fotografiando lo que nos rodeaba. Eran fotos familiares, de las vacaciones juntos, sin rebusques de luces ni equilibrios compositivos, pero siempre ahí. Nosotros y la fotografía como un lazo, infaltable.
                Con el tiempo, ya en la facultad, vinieron las clases especializadas, teóricas algunas, semi-prácticas otras. Con  la cámara manual o la digital. Y siempre, siempre con ese amor incondicional por plasmar el mundo circundante.
                Por esas cosas que tiene la vida la FOTOGRAFÍA no se convirtió en algo profesional para mí, pero si en una actividad constante. En casa no hay rincón que no haya sido retratado, ni hay mascota que no tenga su imagen fijada para la posteridad. Salir con mi hermana (a un evento especial, el cine o una simple cena) es siempre un intercambio de flashes y disparos del obturador. Casi podría decir que tenemos tres ojos.
                Gestos, miradas, momentos. Todo plasmado con mayor o menor grado de “visión artística”.  Fotografiar es, para mí, para nosotras, para todos (o casi todos) en mi familia mucho más que una compulsión incontrolable por transformar en imagen quieta lo que estamos viviendo. Es, más bien, un embrujo, un instante sublime y fatal que se desea mostrar a alguien que no está presente. Es una fuerza imperceptible e ineludible que susurra al oído “guarda esta imagen, llévala contigo y muéstrasela al Mundo”. Y rara vez desoímos esa voz.
                Una vez, una profesora de Guión Fotográfico cerró una muy interesante charla con un ejercicio de “visualización” en el que (con nuestra mente, se entiende) recorríamos lugares hasta llegar junto a algún ser amado al que no veíamos hace mucho. “Abrácenlo” nos dijo, “y luego regresen”. Algo desorientados nos quedamos mirándola,“ok ¿y la fotografía que tiene que ver con esto?”, fue el pensamiento general. Entonces, con voz suave, ella sólo dijo: “Antes de mirar por el visor de sus cámaras, antes de accionar el registro de imágenes, abracen. Llénense de esos brazos y recién después fotografíen”. Para mí la FOTOGRAFÍA es eso, un grandísimo, inmenso abrazo a todo lo que intento retener en mí; un gigantesco deseo por contar historias y regalarlas a quien quiera mirarlas; un profundo amor por mirar pero no sólo con los ojos, sino con todo el cuerpo.
                En mi cuarto hay ahora unas cinco cámaras. Tres que no andan, entre ellas una polaroid de Kodak que llegó ya vieja y “retirada” a casa; la Zenit que reposa tranquila esperando volver al ruedo y la digital que “trabaja” como loca cada vez que rebrota la “manía” que mi abuelo supo despertar en mí. Algún día habrá más cámaras y esto será un museo (ese es el sueño eterno) mientras tanto, con permiso, sigan con lo suyo y no se asusten con los flashes.
               
PD: de “regalo” ahí van algunos trabajos de dos fotógrafos imperdibles.



Sebastião Salgado

Fotógrafo brasileño nacido en Aimorés, Minas Gerais, en 1944

En sus trabajos prima la temática social.








Edward Sheriff Curtis 
Fotógrafo nacido en Febrero de1868 en EEUU. Falleció en Octubre de 1952.
Recorrió el Oeste de su país retratando el modo de vida de los pueblos originarios. 






domingo, 14 de agosto de 2011

Orgullo en nombre del amor


*Por Zhe 

En un pueblo rural de Iowa en EEUU vive Alvin con su hija Rose. Sus días transcurren con esa cadencia lenta y cálida de los pequeños pueblos, done una noche estrellada, un soplo de viento y el tiempo de cosecha rigen la vida.
Pero el ritmo de las cosas se ve alterado cuando una llamada anuncia que su hermano,  al que Alvin no ve desde hace 10 años, ha sufrido un ataque cardiaco. ¿Cómo deponer las “armas” ante la pelea que lo alejó de él? ¿Qué  hacer con el orgullo que ha ido aumentando la distancia hasta poner 500 km entre ambos hermanos?
La idea del reencuentro se “acomoda” entonces en el aire y surge el germen del viaje. Sólo hay  algunos “pequeños” problemas. Alvin tiene varias dificultades físicas: usa bastones (dos a falta de uno), un principio de enfisema pulmonar,  la vista severamente dañada y, por si fuera poco, no tiene licencia de conducir.
Así, con escaso dinero y sin automóvil,  este hombre de 73 años, decide emprender un viaje a bordo un muy peculiar vehículo: su podadora de césped. 
Y aquí comienza una road movie muy especial, sin demasiadas pretensiones argumentativas ni visuales pero con una profunda sencillez. Eso es “The Straight Story (Una Historia Sencilla)”,  una pequeña gran historia de un hombre  sencillo emprendiendo un  viaje imposible hacia su propio interior.
El cine de Hollywood nos tiene acostumbrados a los viajes reparadores. Cada vez que alguien sufre un desensaño amoroso, un tras pies laboral o angustia existencial, el asunto se resuelve con una fuga hacia algún paraíso lejano.  Pero, afortunadamente, no todos los viajes son iguales, ni todo el cine cuenta lo mismo;  David Lynch elije acá pequeños personajes, con pequeñas historias, capaces de conmover con gestos simples, cotidianos, y  así da a luz esta hermosa y diminuta joya fílmica, que cuenta con una musicalización sublime, plagada de personajes cándidos que tiene además el aliciente de ser una historia real.
Una película sencilla que deja un dulce calor en el alma.



He Straight Story (Una historia sencilla)
 David Lynch
 Pierre Edelman, Michael Polaire
Guion:  
John Roach, Mary Sweeney
Freddie Francis
 Mary Sweeney
Año
Duración: 
 112 minutos


Göoo!

*Por  Zhe  Siempre que quiero hablar (escribir) sobre algo que me ha dejado fascinada, me empantano. Cuesta encontrar las palabras que descr...